Análisis del mercado inmobiliario en Andorra: tendencias clave para este año 2025
Lo cierto es que reducir la realidad a esas frases rápidas es engañoso, porque detrás hay un ecosistema mucho más complejo, lleno de matices y de contrastes.
Lo cierto es que reducir la realidad a esas frases rápidas es engañoso, porque detrás hay un ecosistema mucho más complejo, lleno de matices y de contrastes.
Hablar del mercado inmobiliario en Andorra siempre parece fácil a primera vista. Se dice: “el país está de moda, mucha gente quiere venir, los precios suben”. Y ya. Pero lo cierto es que reducir la realidad a esas frases rápidas es engañoso, porque detrás hay un ecosistema mucho más complejo, lleno de matices y de contrastes. En Andorra conviven dos fuerzas muy claras: por un lado, la escasez de suelo disponible, que hace que cada promoción nueva se mire con lupa; y por otro, una demanda que no deja de crecer y diversificarse, con perfiles muy distintos que van desde el profesional joven que busca su primer piso en alquiler hasta el empresario que busca una residencia fiscal y una casa de lujo en Ordino o Canillo.
Lo que realmente está ocurriendo es que Andorra se ha convertido en un país que despierta interés más allá de sus fronteras. Ya no se trata solo de residentes que llevan aquí años y que buscan mejorar su vivienda. Hablamos de familias enteras que se mudan desde España, Francia o incluso más lejos, atraídas por la fiscalidad, por la seguridad o simplemente por un estilo de vida en el que la naturaleza y la calidad de vida cuentan más que el ruido de una gran ciudad. Y a la vez, hablamos de empresas que aterrizan en el país, lo que genera una demanda paralela de alquileres a medio y largo plazo.
Dicho esto, lo honesto es reconocer que entender el mercado inmobiliario andorrano no es sencillo. No es un mercado enorme, ni con cientos de operaciones diarias, sino un mercado pequeño, con particularidades propias, donde cualquier movimiento se nota mucho más que en Barcelona o en Madrid. Aquí, un cambio de normativa, una promoción nueva o un repunte en la llegada de residentes puede cambiar las cifras en cuestión de meses. Y si a eso le sumamos que cada parroquia funciona con lógicas propias, el panorama se vuelve todavía más interesante y desafiante.
Por eso, este análisis no busca predecir el futuro ni caer en frases grandilocuentes. Nuestro objetivo es algo más simple y más útil: aterrizar lo complejo, poner sobre la mesa las tendencias que se observan hoy y ayudar al lector a entender hacia dónde se mueve el mercado sin rodeos, sin tecnicismos innecesarios, con la claridad que agradecería cualquiera que esté valorando comprar, vender o alquilar en Andorra. Porque al final, más que de números, de lo que hablamos es de decisiones de vida.
Si uno mira el mercado inmobiliario de Andorra con cierta distancia, la primera sensación es de movimiento constante. El país no se ha quedado quieto ni un solo año en lo que a demanda de vivienda se refiere. Y aquí conviene diferenciar: no hablamos de un único mercado homogéneo, sino de dos caras que avanzan a ritmos distintos, aunque se retroalimentan entre sí: la compra y el alquiler.
Por el lado de la compra, la fotografía ha cambiado mucho en la última década. Antes, la mayoría de las operaciones tenían un perfil muy claro: residente nacional o vecino próximo que veía en Andorra un lugar práctico para invertir o para tener un segundo hogar en la montaña. Hoy, ese perfil sigue existiendo, pero ha sido sobrepasado por otro fenómeno más amplio: la llegada de nuevos residentes internacionales. Hablamos de profesionales que se instalan en el país para teletrabajar desde un entorno estable, de empresarios que ven en la fiscalidad andorrana un marco atractivo, y de familias que simplemente buscan seguridad, tranquilidad y acceso a una educación y sanidad de calidad. Este grupo ha elevado la presión sobre la compra de viviendas, especialmente en segmentos medios y altos, empujando al alza la competencia por determinados inmuebles.
El alquiler, en cambio, refleja la otra cara de la moneda. Aquí la tensión es evidente, porque la demanda supera claramente a la oferta. Basta hablar con cualquier persona que haya buscado piso en los últimos años para escuchar la misma queja: pocas opciones, precios que suben rápido y necesidad de tomar decisiones casi inmediatas para no perder la oportunidad. Este fenómeno no se debe a un capricho del mercado, sino a la combinación de varios factores. Por un lado, un parque inmobiliario limitado que no crece al mismo ritmo que la población. Por otro, un aumento de residentes temporales que llegan por motivos laborales o académicos y que necesitan alquileres de corta y media estancia. Y finalmente, una parte de los propietarios que, ante la subida de precios, prefieren mantener sus viviendas en el mercado de alquiler turístico o estacional en lugar de destinarlas a alquileres de larga duración.
La consecuencia de todo esto es que la demanda en ambos frentes —compra y alquiler— se alimenta mutuamente. Cuando el alquiler se encarece y se vuelve difícil de encontrar, más gente se plantea comprar para asegurarse una estabilidad. Y cuando la compra sube de precio o se restringe la oferta en determinadas zonas, más personas vuelven al alquiler, aceptando condiciones más exigentes. Es un círculo que se ha ido repitiendo año tras año y que explica en gran parte la tensión actual del mercado.
Ahora bien, conviene ser claros: no toda la demanda es igual ni responde a los mismos motivos. Hay jóvenes que buscan un primer piso pequeño, hay familias que necesitan espacio, hay inversores que compran para rentabilizar a medio plazo y hay quienes buscan una segunda residencia en un entorno natural. El mercado de Andorra no es grande, pero sí lo suficientemente variado como para que estos perfiles convivan y, en ocasiones, compitan por los mismos inmuebles. Y esa diversidad es lo que hace que analizar la demanda sea más que una cuestión de cifras: es entender cómo la vida de las personas, sus expectativas y sus decisiones influyen en cada operación.
En definitiva, hablar de la evolución de la demanda en Andorra es hablar de un mercado que crece, que se tensiona y que se transforma, impulsado tanto por tendencias globales —teletrabajo, movilidad internacional, búsqueda de seguridad— como por particularidades muy locales —limitación del suelo, diferencias entre parroquias, normativa específica—. Lo que está claro es que la demanda no se ha detenido y, si algo caracteriza al mercado andorrano, es esa sensación de dinamismo constante en el que cada año trae consigo nuevas oportunidades y también nuevos retos para quienes buscan un hogar aquí.
Empezaré por poner sobre la mesa lo que hay, sin edulcorar: el mercado inmobiliario en Andorra no es solo caro; es un mosaico donde el precio cambia de parroquia en parroquia, a veces de forma drástica y, sobre todo, con una tendencia alcista que no parece dar señales de freno.
El precio medio de compraventa se sitúa en torno a los 5 200 €/m², lo que representa un aumento de más de un 13 % respecto al año anterior. En paralelo, el alquiler ronda los 23 €/m² al mes, también con incrementos superiores al 13 %. Son cifras que ya dicen mucho, pero conviene ir más allá.
El nivel general es difícil de digerir sin ejemplos concretos. Por eso, estas son algunas medias por parroquia que permiten entender mejor la realidad:
Ahora bien: ¿cómo interpretamos estas diferencias sin mojarnos? Aquí van tres puntos de vista:
Si hay un segmento que ha dado que hablar en el mercado inmobiliario andorrano en los últimos años, ese es el de la vivienda de lujo. Y conviene aclarar algo desde el principio: cuando hablamos de lujo en Andorra no nos referimos únicamente a mansiones de revista con piscina climatizada y vistas panorámicas, sino a un conjunto de propiedades que van desde pisos premium en Escaldes-Engordany hasta chalets modernos en Ordino, todos con un denominador común: exclusividad y escasez.
Lo interesante aquí es que el mercado del lujo en Andorra no se limita a compradores locales o a residentes de toda la vida. De hecho, cada vez más está marcado por un perfil internacional. Profesionales con alto poder adquisitivo, emprendedores tecnológicos, deportistas de élite o inversores que buscan no solo un hogar, sino un lugar seguro donde establecerse, disfrutar y, en muchos casos, también optimizar su situación fiscal. Este perfil, además, llega con una expectativa muy clara: encontrar una propiedad en Andorra que combine diseño contemporáneo, eficiencia energética, servicios de calidad y, por supuesto, una ubicación privilegiada.
En paralelo, aparece otro fenómeno: la segunda residencia en Andorra. Familias que viven gran parte del año en ciudades como Barcelona, Toulouse o incluso Madrid, y que buscan en Andorra un refugio para fines de semana, vacaciones o temporadas más largas. Aquí la motivación no es únicamente fiscal; es un tema de estilo de vida. Escaparse de la ciudad y llegar a un país donde en cuestión de minutos puedes pasar de tu salón a una pista de esquí o a una ruta de montaña es algo que se ha vuelto muy atractivo. Y ese atractivo, traducido al mercado, significa más presión sobre la oferta de viviendas de calidad.
Lo curioso es que, aunque se habla mucho del encarecimiento general de la vivienda, el segmento de lujo parece vivir en una realidad propia. Mientras otros compradores negocian cada euro y sufren la falta de opciones, los interesados en casas exclusivas en Andorra suelen moverse con rapidez. La combinación de demanda internacional y escasez de suelo en ubicaciones premium hace que los precios se mantengan sólidos, e incluso suban, sin demasiada resistencia. En otras palabras: lo que para muchos es inaccesible, para unos pocos sigue siendo una oportunidad.
Ahora bien, ¿qué significa lujo en el contexto andorrano? No es únicamente metros cuadrados o acabados de gama alta. Es también el enclave. Un piso en Escaldes, cerca del eje comercial, con acabados modernos y vistas despejadas, se considera de lujo aunque tenga 100 m². Un chalet en Ordino, con estilo rústico-moderno y terreno propio, también entra en esa categoría porque ofrece privacidad, tranquilidad y conexión con la naturaleza. Y en ambos casos, lo que se paga es tanto la vivienda como la experiencia vital que conlleva vivir en esos espacios.
Desde la perspectiva de la segunda residencia, las motivaciones son distintas pero se solapan con las del lujo. El propietario no siempre busca mudarse de manera permanente, pero sí quiere garantizarse un espacio propio en Andorra para escapar de la rutina. Y aquí la pregunta que muchos se hacen es: ¿es rentable? La respuesta es que depende. Hay quienes la utilizan exclusivamente para disfrute personal y quienes, por el contrario, aprovechan los periodos de no uso para alquilarla a corto plazo, generando un ingreso extra que ayuda a amortizar la inversión. Esta flexibilidad es una de las ventajas de tener una propiedad en un país con alta demanda turística.
Pero conviene ser sinceros: entrar en este mercado no es sencillo. La oferta es reducida y altamente competitiva, y muchas de las mejores oportunidades ni siquiera llegan a los portales inmobiliarios. Se cierran de manera discreta, a través de contactos y redes profesionales. Y es ahí donde entra en juego la importancia de contar con un asesoramiento sólido: alguien que no solo entienda las cifras, sino que sepa leer el pulso del mercado y detectar dónde están esas oportunidades antes de que desaparezcan.
En definitiva, el mercado inmobiliario de lujo en Andorra y el de las segundas residencias son hoy un motor clave de la dinámica general. Atraen inversión, elevan los precios en ciertas zonas y refuerzan la imagen del país como un destino exclusivo y seguro. No todo el mundo puede entrar en este segmento, pero quienes lo hacen saben que adquieren algo más que una vivienda: compran una forma de vida, un refugio y, en muchos casos, un activo que difícilmente perderá valor en el tiempo.
Hablar del futuro del mercado inmobiliario en Andorra es arriesgado, porque no hay bola de cristal y cualquier predicción demasiado cerrada sería poco honesta. Pero lo que sí podemos hacer es observar tendencias claras, analizar las dinámicas actuales y proyectar escenarios razonables para los próximos dos años. Y si algo parece evidente hoy, en agosto de 2025, es que el mercado seguirá tensionado.
La primera gran tendencia que se vislumbra es la continuidad de la presión sobre la oferta. La falta de suelo urbanizable y la lentitud en nuevas promociones seguirán siendo el cuello de botella. Aunque hay proyectos en marcha, no se espera que cubran la demanda real. Esto significa que tanto en compra como en alquiler la escasez continuará marcando el ritmo. Y cuando la oferta es limitada y la demanda se mantiene alta, los precios no suelen bajar.
En este sentido, de cara a 2026-2027, lo lógico es esperar una moderación del crecimiento, pero no un retroceso brusco. Es decir, podríamos pasar de incrementos anuales del 10-13 % a cifras más contenidas, quizás en torno al 4-6 % en compra y algo parecido en alquiler. Sería un crecimiento más “sostenible”, pero igualmente difícil de asumir para quienes buscan una primera vivienda o alquiler asequible.
El segundo factor que influirá es la demanda internacional. Andorra ha logrado consolidarse como destino atractivo para perfiles de alto poder adquisitivo, y eso no va a cambiar a corto plazo. Todo apunta a que seguirá llegando un flujo constante de nuevos residentes, muchos vinculados a sectores tecnológicos, financieros o con capacidad de teletrabajar desde cualquier lugar del mundo. Esa llegada no solo afecta al segmento de lujo, sino que tiene un efecto dominó: cuanto más se encarecen las propiedades premium, más presión se traslada a la gama media, porque muchos compradores ajustan expectativas pero no renuncian a instalarse en el país.
Un tercer punto clave es la evolución normativa y política. En los últimos años se ha hablado mucho de la necesidad de regular mejor el mercado de alquiler y de promover la construcción de vivienda asequible. Si en 2026-2027 se implementan medidas reales en este sentido, podríamos ver un cierto reequilibrio. Pero, siendo francos, cualquier intervención tardará en reflejarse en cifras concretas. No se trata solo de aprobar normas, sino de que existan proyectos viables, suelo disponible y promotores dispuestos a ejecutarlos. Y eso es algo que, por experiencia, no ocurre de la noche a la mañana.
Desde el lado económico, la estabilidad de Andorra seguirá jugando a favor del mercado. Aunque factores globales como la inflación o los tipos de interés pueden influir, el país mantiene un atractivo que lo diferencia de su entorno. Mientras en otros lugares los compradores pueden aplazar decisiones por incertidumbre económica, en Andorra se observa lo contrario: quienes tienen capacidad adquisitiva suelen acelerar la compra por miedo a quedarse fuera de un mercado cada vez más competitivo.
En el ámbito del alquiler, la previsión es clara: seguirá siendo un reto encontrar piso en 2026 y 2027, sobre todo en zonas céntricas como Andorra la Vella o Escaldes-Engordany. Los precios probablemente se estabilicen en torno a niveles altos, con poca probabilidad de descensos significativos. Las parroquias periféricas, como Sant Julià o Encamp, podrían ganar protagonismo como alternativa, siempre y cuando las infraestructuras y servicios acompañen.
Una última reflexión que no conviene pasar por alto: el mercado inmobiliario andorrano es pequeño y muy sensible. Cualquier variación en normativa de residencia, en la llegada de empresas o incluso en la política de turismo puede mover la balanza más de lo que imaginamos. Por eso, más que dar por hecho que la curva seguirá siempre hacia arriba, lo sensato es reconocer que vivimos en un mercado dinámico, donde las oportunidades aparecen y desaparecen rápido, y donde contar con la información adecuada marca la diferencia entre tomar una buena decisión o quedarse atrapado en una mala inversión.
En resumen, de cara a 2026-2027, lo que se puede esperar es un mercado inmobiliario andorrano estable en su dinamismo, con precios que seguirán firmes, con una demanda internacional que no parece agotarse y con una oferta que sigue siendo el gran desafío. Para quienes buscan comprar o alquilar en Andorra, el reto seguirá siendo el mismo: moverse con rapidez, estar bien asesorado y comprender que aquí no se trata solo de números, sino de encontrar un espacio que encaje con un estilo de vida único y, a la vez, cada vez más demandado.
Hablar del mercado inmobiliario en Andorra es hablar de un escenario en constante transformación. A lo largo de este análisis hemos visto cómo la demanda se mantiene viva y diversa, cómo los precios varían notablemente de una parroquia a otra, cómo el segmento de la vivienda de lujo y las segundas residencias en Andorra marcan tendencia, y cómo las perspectivas para 2026 y 2027 apuntan a un mercado tensionado, estable en su crecimiento y con un atractivo internacional difícil de frenar.
La clave, al final, está en no quedarse solo con los titulares de “los precios suben” o “no hay oferta suficiente”. Lo importante es entender las dinámicas que hay detrás: la llegada de nuevos residentes, el papel que juegan las parroquias periféricas, la diferencia entre un alquiler turístico y uno de larga estancia, o la manera en que la normativa puede alterar el equilibrio en cuestión de meses. En un mercado tan pequeño y sensible como el andorrano, cualquier movimiento se nota más que en países vecinos, y eso exige estar atento y bien informado.
Para quienes se plantean comprar un piso en Andorra, invertir en una casa en las zonas premium o simplemente encontrar un alquiler que encaje con su estilo de vida, la recomendación es clara: contar con un asesoramiento profesional no es un lujo, sino una necesidad. No porque el mercado sea inaccesible, sino porque es complejo, competitivo y rápido. Las mejores oportunidades suelen moverse en círculos discretos, y tener acceso a esa información es lo que puede marcar la diferencia.
En definitiva, lo que se abre de cara a los próximos años no es un mercado en crisis, sino un mercado en evolución. Uno en el que el atractivo del país sigue intacto, donde la naturaleza, la seguridad, la fiscalidad y la calidad de vida se combinan para generar un interés que trasciende fronteras. Y aunque la escasez de oferta y los precios altos son desafíos evidentes, también lo son las oportunidades para quienes saben leer el momento y tomar decisiones estratégicas.
El mercado inmobiliario en Andorra no es fácil, pero tampoco es inabordable. Es un terreno en el que, con la información adecuada y la ayuda de profesionales, se pueden tomar decisiones seguras, inteligentes y alineadas con lo que cada persona realmente busca: no solo una vivienda, sino un lugar donde vivir y construir su propio futuro.
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